El regreso de la misión Artemis II tiene una fase que concentra toda la tensión: el reingreso a la atmósfera terrestre. Se trata del momento más crítico de todo el viaje, cuando la cápsula Orion debe soportar condiciones extremas de calor, presión y velocidad tras completar una travesía de aproximadamente 10 días alrededor de la Luna.

Artemis II logró grandes éxitos científicos pero tiene problemas de baño

Durante esta etapa, la nave atraviesa la atmósfera a una velocidad cercana a los 40.000 km/h (unos 25.000 mph), lo que la convierte en una de las reentradas más rápidas jamás realizadas por seres humanos.

El procedimiento está milimétricamente calculado. Aproximadamente 42 minutos antes del amerizaje, la cápsula de la tripulación se separará del resto de la nave. Poco después, comenzará la entrada en la atmósfera, que se produce unos 13 minutos antes de tocar el agua. Durante este tiempo, los sistemas de navegación y control guiarán la cápsula hacia el punto previsto en el océano.

El regreso de Artemis II: Temperaturas de más de 2.700°C y un “apagón” de comunicaciones

El punto más delicado ocurre cuando Orion comienza a rozar las capas superiores de la atmósfera. La fricción genera un escudo de plasma alrededor de la cápsula y eleva la temperatura hasta unos 2.760°C (5.000 °F), valores comparables a la mitad de la temperatura de la superficie del Sol.

En ese instante, además del calor extremo, se produce un fenómeno clave: un corte total de comunicaciones que dura alrededor de seis minutos, producto de ese mismo plasma que rodea la nave. La protección depende casi por completo del escudo térmico, diseñado para quemarse de manera controlada y disipar el calor sin afectar a los astronautas en el interior.

A medida que desciende, la cápsula reduce su velocidad progresivamente mediante maniobras aerodinámicas y el despliegue de paracaídas, hasta completar el amerizaje en el océano Pacífico. Pero esos primeros minutos de reingreso (con velocidades récord, temperaturas extremas y sin contacto con la Tierra) son considerados por la NASA como el verdadero desafío de la misión y la prueba definitiva de su tecnología.